Peligro, azúcar a la vista!

Peligro, azúcar a la vista!

Se imaginan el packaging de un refresco con una fotografía del tejido adiposo de una persona de 200 kg de peso acompañada de una advertencia del tipo Tomar bebidas azucaradas contribuye a la obesidad”. Pues esto es lo que se ha debatido recientemente en el estado norteamericano de California y lo que podría haber sucedido si finalmente se hubiera aprobado el Proyecto de Ley que pretendía poner en todas las bebidas azucaradas una advertencia similar a la que tienen el alcohol y los cigarros sobre sus efectos para la salud.

El proyecto de Ley pretendía obligar a los productores a etiquetar todos los refrescos y bebidas azucaradas que superaran las 75 calorías con un pequeño mensaje de advertencia sobre sus efectos para la salud.

La iniciativa, de buenas a primeras creaba un agravio comparativo con otros productos con alto contenido de azúcar igualmente perjudicial para la salud del que los consume. ¿Es más perjudicial un refresco que por ejemplo cualquier tipo de bollería industrial rellena de algo parecido al chocolate? ¿o que un cubo de helado multi-sabores de marca blanca? Lógicamente esto fue lo primero que alegaron los representantes del sector de refrescos; la advertencia de llevarse a cabo era manifiestamente injusta, pues no se aplicaba a otras bebidas y alimentos. De hecho, según los detractores de la medida, sólo el 4% de las calorías de la dieta de los estadounidenses procede de la ingesta de bebidas gaseosas.

Después de escuchar a todas las partes implicadas la Asamblea Estatal de California finalmente decidió no aprobar la propuesta basada en la idea (o falacia según se mire) de que “la advertencia habría sido la herramienta más eficaz para educar a la población sobre los peligros de las bebidas azucaradas”.

He aquí, según nuestra opinión, el quid de la cuestión, una cosa es informar y otra bien distinta es “demonizar”. Poner una advertencia amenazadora en el packaging del propio producto no significa educar bien, es una visión bastante reduccionista de una cuestión más amplia o global. El promover un estilo de vida saludable con buenos hábitos de alimentación es un trabajo pendiente en el que los legisladores sí deben entrar pero de otra manera, más que crear alarma con carteles o amenazas se trata de promover e implementar políticas en que se den las condiciones para que los niños aprendan desde bien pequeños que tomar un refresco o una golosina están bien de una manera muy puntual, pero que de ninguna manera deben formar parte de la dieta habitual como sucede en muchos casos (sobre todo en USA).

 

Cuestión aparte, en el caso de haberse aprobado, hubiera sido la efectividad de dicha advertencia, pues la información obligatoria que se exige ya en cualquier producto de alimentación es más que suficiente para que pase inadvertida si ponemos una más. Máxime en un momento en el que incluso las tiendas online (en la UE) van a verse obligadas a publicar la información nutricional y de composición de los productos con la inminente entrada en vigor del Reglamento 1169.