Etiquetado transgénicos: diferencias europa-usa

Etiquetado transgénicos: diferencias europa-usa

Un asunto peliagudo envuelto en una polémica sin fin. Los alimentos transgénicos, aquellos que han sido producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética y se le han incorporado genes de otro organismo para producir las características deseadas, tienen diferente consideración en el etiquetado según estemos a un lado u otro del atlántico.

En líneas generales, antes de adentrarnos en asuntos concretos como el etiquetado, existen dos corrientes de opinión con posiciones claramente opuestas. Resumimos brevemente lo que defienden cada una de las dos: Por un lado, parte de la comunidad científica y empresas de biotecnología defienden su rentabilidad e inocuidad; señalan que son un paso más en la cadena de producción de alimentos, una forma eficiente y respetuosa con el medio ambiente de poder abastecer de alimentos a un mundo con una población que crece de forma desaforada y en el que cada vez hay menos recursos. Pero, por otra parte grupos ecologistas y muchos agricultores y consumidores denuncian que este tipo de cosechas suponen una seria amenaza para la biodiversidad y el planeta; que provocan la muerte a insectos como las abejas o las mariquitas; que son los causantes directos de la aparición de nuevas alergias y enfermedades; que incrementan el uso de insecticidas  tóxicos para el medioambiente, y que además convierten a los agricultores (del tercer mundo sobre todo) en esclavos de las grandes corporaciones semilleras.

No es difícil imaginar que sea Estados Unidos el país que más hectáreas dedica a este tipo de cultivos; en el extremo opuesto está  la Unión Europea, que por el momento sólo permite que se planten dos tipos de maíz. Dentro de la UE, España es la que más terreno dedica a los transgénicos.  En 2013 se cultivaron casi 137.000 ha de maíz MON 810, eso si,  desarrollado por la multinacional americana Monsanto, una cifra que supone un incremento del 18% con respecto al año anterior.

Vayamos al etiquetado: En Estados Unidos no es obligatorio etiquetar los alimentos transgénicos porque son considerados iguales que los otros. Tan sólo existe el requisito para que una semilla modificada genéticamente pueda venderse que salvo la modificación para una función concreta –como la resistencia a una plaga– en todo lo demás es exactamente igual que las variedades convencionales

Por el contrariola ley europea no es tan laxa y exige marcar los productos que contengan más de un 1% de OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Ese porcentaje se refiere al ingrediente en cuestión no al total del alimento: por ejemplo si unas galletas contienen soja, deberán etiquetarse como transgénicas si más del 1 % de la soja lo es. La clave para los legisladores europeos es que el etiquetado es la base de la elección libre y la buena información, la que se hace sin demonizar la biotecnología. El hecho es que la normativa no establece un distintivo específico, sino que más bien indica la presencia de transgénicos en la lista de ingredientes. Otro ejemplo, en un helado con jarabe de glucosa (se suele emplear para mejorar el cuerpo y la textura del producto) podría indicarse junto a este componente “producido a partir de maíz modificado genéticamente”, bien entre paréntesis o con un asterisco. En la comida envasada que no presente este tipo de listado, la mención deberá en la etiqueta. En el caso de productos a granel, se indicará en el expositor.

No parece casual que la legislación de USA vaya en consonancia con el parecer de la grandes multinacionales, teniendo en cuenta que las mayoría son de ese país. En cualquier caso y pensando en la postura adoptada por la UE el hecho de remarcar ciertos ingredientes o de , como sucederá con la aplicación del Reglamento 1169, ampliar las exigencias de etiquetado a las plataformas de venta online, hará que los usuarios tengan una información más completa para poder realizar sus compras. Eso siempre es positivo.